«Solo efectivo»: el letrero que todos odiamos ver
Queremos dejar el efectivo, pero muchos negocios todavía no están listos
Mardelis Jusino
· 2 min de lectura

San Juan — A todos nos ha pasado. Vas a comprar algo rápido —un café, un bizcocho, arreglar algo en el carro— sacas la tarjeta, y la persona detrás del mostrador te mira con cara de pena: «solo efectivo.» Y ahí empieza el mismo baile de siempre: buscar un cajero automático, calcular si tienes suficiente en la cartera, o simplemente irte a otro lado.
Ese momento tan familiar tiene ahora nombre y respaldo: un estudio reciente de Mastercard confirmó que la mayoría de los puertorriqueños prefiere pagar de forma digital, pero se topa una y otra vez con negocios que no tienen cómo aceptarlo. No es que la gente no confíe en la tarjeta o en el celular para pagar —de hecho, la mayoría ya lo usa para casi todo—, es que el negocio del otro lado del mostrador muchas veces no tiene el equipo, o simplemente desconoce las ventajas.
Y ahí está la clave de todo esto: el problema no es el consumidor. Somos nosotros, la gente, quienes ya dimos el salto. Y en números considerables. 88% de los compradores quiere más lugares o personas que acepten pagos electrónicos. “Estos hallazgos muestran que los consumidores en Puerto Rico están interesados en utilizar pagos digitales, pero todavía encuentran barreras”, dijo Pablo Cuarón, gerente de país de Mastercard para Puerto Rico.
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El reto está del lado de los negocios pequeños —la ferretería de la esquina, la peluquería, el foodtruck, el kiosco de la playa— que en su mayoría son justamente eso: pequeños, familiares, con poco margen para invertir en una maquinita de tarjetas que además les cobra un por ciento de cada venta.
Durante una mesa redonda donde se presentaron estos hallazgos, ejecutivos de Mastercard explicaron algo que muchos dueños de negocio no saben: cargar con efectivo también tiene un costo, aunque no se vea. Hay que contarlo, guardarlo, llevarlo al banco, cuidarlo de que no se pierda o lo roben. El «cash» no es gratis, solo que su costo es invisible.
Para cerrar esa brecha, la empresa está apostando por algo sencillo: convertir el propio celular del comerciante en la maquinita de cobro, sin que tenga que comprar un equipo aparte. La idea es que hasta el negocio más pequeño pueda aceptar tarjeta o pago digital sin gastar de más para lograrlo.
Mientras tanto, aquí en la isla ya tenemos otra costumbre bien arraigada que tal vez ni pensamos como «pago digital»: mandar chavos por ATH Móvil. Esa app, que todos tenemos en el celular para dividir la cuenta del restaurante o pagarle al plomero, es en realidad una de las señales más claras de que Puerto Rico ya dejó atrás el «todo en efectivo» hace rato — el reto ahora es que esa misma comodidad llegue también a los negocios pequeños, no solo entre amigos y familia.
Al final, lo que dice este estudio es algo que cualquiera que vive aquí ya sabía sin necesidad de una encuesta: queremos pagar como nos sea más fácil, y muchas veces la limitación no está en nuestro bolsillo, sino en el mostrador de enfrente.
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