Aprueban conversión a gas en Cambalache: ¿bajará la factura de luz?
El regulador asegura que el cambio busca generar ahorros, pero estos aún deberán demostrarse en la práctica.
Mardelis Jusino
· 2 min de lectura

San Juan – El Negociado de Energía de Puerto Rico autorizó a Genera continuar con la conversión de dos unidades de la Central Cambalache para que operen con gas natural y diésel, una decisión que podría impactar —aunque no de inmediato— la factura de electricidad de los consumidores.
Según el regulador, el cambio tiene como objetivo principal reducir costos de generación, lo que en teoría debería traducirse en ahorros para los abonados. Sin embargo, estos beneficios no están garantizados todavía: la empresa tendrá que presentar informes anuales que demuestren si realmente se están logrando economías.
Para el consumidor, esto significa que:
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- El cambio no implica una baja inmediata en la factura
- Los posibles ahorros dependerán de cómo se utilicen las plantas
- El impacto real se verá con el tiempo, no de forma automática
Las unidades 2 y 3 de Cambalache funcionan como plantas de “pico”, es decir, se utilizan principalmente cuando aumenta la demanda eléctrica. Esto limita el efecto directo que pueden tener en el costo total de la energía, ya que no operan de forma constante.
El Negociado también permitió que las unidades mantengan flexibilidad para operar con ambos combustibles, lo que podría ayudar a manejar mejor los costos dependiendo del precio del gas o del diésel en el mercado.
No obstante, expertos han señalado en múltiples informes públicos —incluyendo evaluaciones del propio Negociado— que el uso de gas natural puede reducir costos frente al diésel, pero también depende de factores como contratos de suministro, demanda y eficiencia operacional.
En términos simples:
- El gas natural puede ser más barato
- Pero si no se usa de forma eficiente, el ahorro no llega al cliente
La decisión también incluye condiciones sobre contratos de suministro de gas, para evitar que el sistema pague por combustible que no se utiliza, una práctica conocida como “take-or-pay”, que históricamente ha generado costos adicionales en otros mercados.
Para los abonados, el mensaje es cauteloso: el cambio apunta a mejorar costos, pero no garantiza facturas más bajas en el corto plazo.
La gran pregunta ahora será si esos ahorros prometidos finalmente se reflejan —o no— en el recibo de luz.
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