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Martes, 20 de octubre de 2026
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Anhedonia musical: la condición que desconecta la música del placer

Un estudio identifica la desconexión entre el circuito de recompensa y la red auditiva. Las pruebas incluyeron cuestionarios, mediciones fisiológicas y resonancias magnéticas.

Redacción Digital

· 3 min de lectura

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Barcelona – La mayoría de las personas siente placer al escuchar música, ya sea una sinfonía clásica, una canción pop o el sonido de un instrumento que despierta emociones. Sin embargo, existe un pequeño grupo –estimado en apenas un 3 % de la población– para el que la música no tiene ningún efecto emocional. Esta condición, conocida como anhedonia musical específica, implica una insensibilidad al placer musical a pesar de contar con una audición normal y de disfrutar de otras experiencias gratificantes.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona, pionero en este campo, ha dado un paso más en la comprensión de este fenómeno. Hace una década, estos científicos ya habían confirmado su existencia mediante experimentos con 30 voluntarios, observando que quienes presentaban anhedonia musical no mostraban cambios fisiológicos –como aumento de la frecuencia cardíaca o sudoración– ante piezas musicales placenteras, a diferencia de quienes sí eran sensibles a ellas.

Ahora, en un artículo de revisión publicado en la revista Trends in Cognitive Sciences de Cell Press, los autores describen los mecanismos cerebrales que subyacen a esta condición. Su hallazgo central apunta a una desconexión entre el circuito de recompensa –sistema neuronal encargado de asociar ciertas experiencias con sensaciones de placer– y la red auditiva, responsable del procesamiento de la música.

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“El sistema de recompensa funciona con normalidad para otros estímulos, pero no se activa ante la música debido a la falta de conexión con las áreas auditivas”, explica Josep Marco-Pallarés, investigador del departamento de Cognición, Desarrollo y Psicología de la Educación de la UB y uno de los firmantes del estudio. Esto significa que las personas con anhedonia musical pueden percibir y procesar melodías, pero no experimentan placer al escucharlas.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo evaluó a 45 personas clasificadas en tres grupos según su respuesta emocional a la música (alta, media y baja). Utilizaron el Cuestionario de Recompensa Musical de Barcelona, una herramienta desarrollada por los investigadores para medir lo gratificante que resulta la música en cinco dimensiones: evocación de emociones, regulación del estado de ánimo, conexión social, disfrute del baile o movimiento y motivación por buscar y experimentar nuevas piezas musicales. Las personas con anhedonia obtuvieron puntuaciones bajas en todos los aspectos.

Además, los participantes fueron sometidos a resonancias magnéticas funcionales mientras escuchaban distintas composiciones, incluyendo Las cuatro estaciones de Vivaldi. Los resultados confirmaron que, en los casos de anhedonia musical, la actividad en el sistema de recompensa se reducía significativamente durante la escucha, aunque se mantenía normal ante otros estímulos agradables como recibir dinero.

Los investigadores destacan que este patrón no se limita a la música. Plantean que podría existir una anhedonia específica para otros ámbitos, como la alimentación, en la que se produzca un déficit de conectividad entre las áreas del cerebro encargadas de procesar ese estímulo y el sistema de recompensa.

Aunque todavía no se conocen las causas exactas, se sospecha que factores genéticos y ambientales podrían influir en su desarrollo. El equipo de la UB colabora actualmente con genetistas para identificar posibles genes asociados y planea estudiar si la condición es estable a lo largo de la vida o si puede modificarse o revertirse.

Este trabajo no solo abre una ventana al entendimiento de por qué la música es emocionalmente tan poderosa para la mayoría, sino también a las diferencias profundas que pueden existir en la manera en que cada cerebro experimenta el placer.

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